La construcción física de Macondo para la serie Cien años de soledad fue uno de los mayores retos profesionales para Bárbara Enríquez, diseñadora de producción que participó en la recreación del universo creado por Gabriel García Márquez.
En una entrevista publicada el martes 25 de agosto de 2026, Enríquez señaló que el proyecto significó un enorme orgullo y una responsabilidad especial, debido a que millones de lectores ya tenían su propia imagen del pueblo ficticio de la novela.
Una recreación construida desde la investigación
Para levantar Macondo, el equipo estudió la arquitectura, los materiales, los colores y el desgaste de poblaciones del Caribe colombiano. También revisó fotografías y recorrió distintas zonas de la región para lograr que el escenario reflejara el paso del tiempo y la transformación del pueblo.
El trabajo incluyó la construcción de trenes, barcos, viviendas y poblaciones completas. Además, se elaboró una reproducción de la fachada de la casa donde vivieron los padres de García Márquez en Riohacha, como parte de los guiños históricos incorporados a la serie.
La escenografía no fue concebida como un espacio estático. Macondo fue construido en distintas etapas para mostrar su crecimiento, modernización, deterioro y destrucción, mientras la Casa Buendía también se transformó de acuerdo con las generaciones que la habitaron.
El reto frente a la inteligencia artificial
Enríquez consideró que, con el avance de la inteligencia artificial, los grandes sets físicos podrían ser cada vez menos frecuentes. Por ello, describió la experiencia de construir Macondo como el pináculo de su trayectoria y anticipó que pasará mucho tiempo antes de que se realice un escenario físico de dimensiones y complejidad similares.
La producción combinó trabajo artesanal, ingeniería y efectos digitales. Sin embargo, buena parte de los espacios, objetos y transformaciones fueron realizados físicamente para conservar la textura y la apariencia de un pueblo latinoamericano que envejece junto con sus habitantes.
La recreación de Macondo buscó respetar el espíritu de la novela sin convertirla en una copia literal. El resultado fue un mundo visual basado en referencias reales de Colombia, pero adaptado a las necesidades narrativas de la serie.

